Introducción de la Ecologia


La tarea de la ciencia, que tan placentera resulta, consiste esencialmente en observar los fenómenos del mundo natural que requieren una explicación, y luego en encontrar dichas explicaciones.
El hombre medieval (o niño moderno) pudo aceptar con sencillez no sólo hechos como el cambio de las estaciones y la caída de los cuerpos, sino también algunos fenómenos biológicos notables. Así cada mañana, al dirigirse a su trabajo, se deleitaba con el canto de las aves, el "coro del alba", pensando que sin duda constituía una gracia divina para empezar el día. Quizá razonando más debió pensar que ese canto de las aves en las mañanas constituía un hecho sumamente peculiar. ¿Por qué cantan los pájaros en el alba? De hecho, ¿por qué cantan? También debió observar que en el jardín existían muchas clases diferentes de plantas, así como en el pantano y en el bosque. ¿Por qué debían existir todos estos tipos distintos de plantas desarrollándose una al lado de la otra en sitios tan similares? Lo mismo sucedía con los animales; habían más clases de ellos que de vegetales, particularmente en el caso de los insectos. ¿Por qué era así? Y, en todo caso, ¿por qué no existían más clases? Estas preguntas no se plantearon formalmente aun cuando la ciencia había encontrado explicaciones a fenómenos menos notables del mundo físico. Sólo hasta nuestro siglo han logrado aclararse las preguntas más interesantes; las respuestas constituyen el material con que se ha estructurado entre otras, la disciplina de la Ecología.